Cáncer de mama gestacional

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El Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama ya ha demostrado en un estudio previo que la mitad de los casos de cáncer de mama gestacional —aquel que surge durante el embarazo, la lactancia o hasta un año después del parto— son tumores basales (triples negativos). Este tipo de tumor dificulta su tratamiento y permite plantear la hipótesis de que un primer embarazo a edades tardías pueda favorecer condiciones biológicas óptimas para el cáncer de mama.

Los tumores que se desarrollan durante la gestación tienen una mayor actividad proliferativa y una menor expresión de receptores hormonales. Suelen ser tumores más grandes, posiblemente debido a un diagnóstico tardío de la enfermedad y, por tanto, en una fase más avanzada.

El propio embarazo o la lactancia pueden dificultar un diagnóstico temprano, ya que cualquier bulto sospechoso se suele atribuir a la propia gestación.

Por tanto, se entiende que el cáncer de mama gestacional tiene un peor pronóstico que aquel que se detecta en mujeres no embarazadas. En cualquier caso, aún no sabemos con seguridad si este hecho se debe a un diagnóstico tardío de la enfermedad o es el propio embarazo el que favorece un tipo de tumor específico de peor pronóstico.

En los últimos años se ha observado un incremento de esta enfermedad

Los grandes cambios en la forma de vida de las mujeres desde la segunda mitad del siglo XX han propiciado que la edad del primer embarazo se retrase de forma considerable y se reduzcan el número de gestaciones por mujer.

En este sentido, sabemos que el embarazo a edades tempranas es el único factor conocido que disminuye las posibilidades de desarrollar cáncer de mama a lo largo de toda la vida: las mujeres que tienen su primer embarazo a término antes de los 20 años tienen una incidencia hasta el 50% menor que aquellas que no han tenido descendencia.

El cáncer de mama asociado al embarazo no es de los más frecuentes, pero la mujer gestante debe conocer la posibilidad de padecerlo. En el mundo lo sufren entre el 7 y el 14% de las mujeres embarazadas menores de 45 años.

Esto sucede porque el embarazo a edades tempranas protege el tejido mamario de daños que puedan favorecer el desarrollo del cáncer, mientras que una gestación tardía puede actuar como un inductor de la proliferación de células que ya han sido dañadas.

Esto se debe a que la maduración del tejido mamario finaliza con el primer embarazo y la lactancia. De esta forma, cuando la gestación se retrasa, algo frecuente en las sociedades occidentales, las células han estado expuestas a diferentes carcinógenos durante mucho tiempo y es posible que el embarazo estimule el crecimiento anómalo de esas células ya dañadas previamente.

Además, las mujeres que se quedan embarazadas más tarde se aproximan más a la edad en la que es más frecuente sufrir cáncer de mama.

Por otro lado es una realidad que cada vez se curan más mujeres con cáncer de mama y que muchas mujeres jóvenes pueden no haber cumplido su deseo de ser madres en el momento del diagnóstico de la enfermedad.

Padecer un cáncer de mama gestacional no implica la interrupción del embarazo

El diagnóstico de un cáncer de mama durante la gestación no implica necesariamente la interrupción del embarazo para poder tratar a la paciente, ya que es posible hacerlo con seguridad a partir del segundo trimestre.

Su tratamiento es el mismo que en el caso del cáncer de mama no gestacional, pero siempre atendiendo de forma especial a las particularidades del embarazo y la fase en la que se encuentre la enfermedad.

Existen opciones terapéuticas que se pueden emplear durante el embarazo sin incrementar de manera significativa el riesgo para el bebé o la madre. Salvo la radioterapia, que en algunos casos puede provocar que se adelante el parto, y algunas quimioterapias, el resto de tratamientos se administran con relativa normalidad.

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